Paseos por el Somontano del Moncayo

El Moncayo y su somontano, o lo que es lo mismo, el territorio situado al pie de la montaña, forma un abanico de pequeñas y airosas localidades repletas de historia, cultura y, por supuesto, gastronomía.

La multicolor silueta del Moncayo

La multicolor silueta del Moncayo, el punto más elevado de la provincia de Zaragoza, advierte al viajero de su llegada al inmenso Parque Natural que constituye. Atravesar los dieciséis municipios que componen el llamado Somontano del Moncayo, conocer Tarazona y su legado histórico, o descubrir una cocina muy respetuosa con la identidad forjada con el paso del tiempo, son algunas de las posibilidades que marcan la oferta turística de esta comarca.

Desde la sugestión de Bécquer, hasta la sonrisa de Paco Martínez Soria, muchos han sido los testimonios que han dejado constancia de una zona comandada por el mítico monte del Sistema Ibérico.

Castillos y murallas, monasterios y palacios, brujas y hechizos recuerdan la alquimia que rodea al Parque Natural, mientras que Tarazona, como cabeza visible de la comarca, centraliza un buen número de los atractivos multiculturales que encierran sus calles.

Si, además, esta riqueza turística se adereza con los vinos de la cercana Denominación de Origen Campo de Borja, los cereales que se cultivan en gran parte de la comarca, la huerta que crece junto a los ríos Queiles, Huecha e Isuela, y otros sabrosos abastos, nuestra visita supondrá todo un deleite para los más diversos placeres.

Paso a paso, pueblo a pueblo

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Los principales accesos que conducen hasta el Moncayo y su comarca son dos carreteras locales, la N-122, que desemboca en tierras sorianas, y la N-II que recorre los valles uniendo las localidades de esta zona con la antigua Turiaso. Todas estas vías de comunicación, que más se asemejan a los cursos de los riachuelos que descienden desde el Moncayo, se llenan de repente del cromatismo que aporta el manto vegetal y natural de este mítico monte. Sin dudas, la mejor vista del somontano es desde la cima (2.315 metros), desde donde se divisan las pequeñas localidades que se reparten en algo menos de 468 kilómetros cuadrados.

La situación fronteriza que ha desempeñado esta comarca, entre Castilla- León, La Rioja y Navarra, ha dejado un innumerable vademécum de historias, leyendas, cultura y arte.

El triángulo imaginario que formaría Vera de Moncayo, el macizo montañoso y Tarazona, recoge a todas y cada una de las localidades que componen una de las comarcas con mayores recursos turísticos de Aragón.

El bagaje patrimonial de estas tierras se centraliza principalmente en la arquitectura y las distintas manifestaciones artísticas de la zona. El Monasterio de Veruela, de visita casi inevitable, situado en Vera de Moncayo, se levanta majestuosamente junto a la carretera que va ascendiendo por las laderas del monte. La muralla que rodea al monasterio, encierra en su interior el claustro, la sala capitular, el refectorio y otras dependencias.

Desde Vera, a la izquierda se van asomando las localidades de Alcalá de Moncayo, con su Iglesia de la Asunción del siglo XVI, y Añón, donde destaca la iglesia gótica de Santa María. Si continuamos por la N-122, la señalética nos indicará el camino hasta Trasmoz, Litago, Lituénigo y San Martín del Moncayo, por este orden. Además de castillos, ermitas e iglesias, estos cuatro pueblos, acogen al viajero con numerosas viviendas de turismo rural y tradiciones tan asentadas como «El pesaje de los niños» de Lituénigo. En esta costumbre del último domingo de septiembre, declarada de Interés Turístico Regional, se pesan en una romana a todos los niños de la localidad de menos de un año para ofrecer a San Miguel el peso del chiquillo en trigo. Uno de los acontecimientos populares de toda la comarca.

La artesanía y los antiguos oficios tienen también cabida en un viaje por el Somontano del Moncayo. Tarazona, Vera de Moncayo y Torrellas ofrecen al visitante tiendas y talleres donde se elaboran productos alimenticios, cerámica, obras de madera y algún que otro souvenir improvisado.

En la margen izquierda del río Queiles, en la carretera que conduce a Soria (N-122) la localidad de Torrellas da la bienvenida al viajero mostrándole la Iglesia de San Martín de Tours, antigua mezquita que fue remodelada en el siglo XVII, el hospital (S. XVIII) y la plaza mayor, repleta de hermosos rincones y caserones de piedra.

Los castillos del Moncayo

Paseos Por El Somontano Del Moncayo Castillo Trasmoz

El paisaje del parque natural, con una cromática tan variopinta como cautivante, se ve alterada por los restos de numerosos castillos y fortificaciones que se extienden a lo largo y ancho de toda la comarca.

Uno de los más renombrados es el que se alza en Trasmoz y que formó parte en numerosos párrafos de cuentos y aquelarres de Gustavo Adolfo Bécquer. Sobre este castillo existen documentos que lo sitúan en 1185, bajo el dominio del rey de Navarra, pero son los mitos y las leyendas que Bécquer escribió las que han forjado grandes y misteriosos relatos.

Gustavo Adolfo Bécquer escribió sobre la fortaleza de Trasmoz. «En aquel castillo, que tiene por cimiento la pizarra negra de que está formado el monte, y cuyas vetustas murallas, hechas de pedriscos enormes, parecen obra de titanes, es fama que las brujas de los contornos tienen sus nocturnos conciliábulos».

Siguiendo la carretera que conduce a Litago, los únicos vestigios que quedan son las dos torres vigía del antiguo castillo.

Llegando hasta el municipio de Añón, el castillo que perteneciera a la Orden de San Juan durante la Edad Media, muestra un edificio con torreones que se levantó en el siglo XIII. Descendiendo por las curvas que llevan a Alcalá de Moncayo, el antiguo castillo, convertido en casa parroquial y construido en la parte alta del pueblo, conserva un torreón semicircular que domina las mejores vistas de la localidad. Antes de llegar a la N-122, Vera de Moncayo encierra en su interior restos del castillo del siglo XIV con una torre almenada y fragmentos de lienzos.

Grisel y Lituénigo, tienen en común dos construcciones edificadas en el siglo XIII. El de Lituénigo es uno de los mejor conservados con buena parte de la parte exterior.

Lo que fuera el castillo de Torrellas, por su parte, se encontraba en la parte alta del pueblo, al igual que el de Malón, que a su vez hace las funciones de mirador con vistas al río Queiles. Una panorámica muy recomendable. También el de Novallas ofrece un espectacular panorama del que se ve, también el cauce del río, y el macizo del Moncayo. El actual ayuntamiento y el museo de esta localidad están ubicados en el antiguo castillo.

Algunos que no conservan más que el solar, son los de Los Fayos, del siglo XII, y el de Santa Cruz de Moncayo.

Tarazona: Culturas y encantos de la antigua Turiaso

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La encrucijada de caminos en la que se asienta la capital de la comarca del Moncayo, ha permitido el ir y venir de numerosos pueblos que han dejado en ella su legado más honorífico. Se asentaron romanos, visigodos, árabes, judíos y cristianos convirtiendo a Tarazona en un tumulto de símbolos de su patrimonio.

Su casco antiguo, el epicentro multicultural, fue declarado Conjunto Histórico Artístico en 1965. Y es que en el esqueleto que forman callejuelas y pasadizos, se levantan algunos de los recursos turísticos más destacados.

El barrio de la judería

La figura judía en Tarazona se remonta hasta la época visigoda convirtiéndose, a partir de ahí, en un importante centro administrativo ya que controlaba la recaudación de impuestos, diezmos y primas. El barrio originario, cuya construcción más antigua se sitúa a finales del siglo XIV, tenía tres accesos, uno desde la Puerta de la Plaza Nueva (Plaza de España), y otros desde La Porticiella (Rúa Baja) y la Puerta de la Zuda (Rúa Alta). A mediados del siglo XV, se cita la «judería nueva», que se expandió a través de la cuesta de los Arcedianos hasta la plaza de Santa María. Y fue este punto el que acogía numerosos acontecimientos populares, funerales, coronación de los reyes, pascua.

La judería, o aljama, cuenta entre sus callejuelas con distintas construcciones emblemáticas. Entre otras, el Palacio Episcopal, convertido como tal en el siglo XIV después de haber sido zuda musulmana y residencia de los reyes de Aragón, y sobre todo, las casas colgadas.

Después de atravesar un entramado de calles empinadas, la vista se fija directamente en el conjunto de viviendas cuyas fachadas sobresalen sobre la judería. Y muy cerca de las casas suspendidas, el ayuntamiento, una edificación del siglo XVI cuya fachada sorprende por las figuras, gigantes y cabalgatas. La galería superior de arcos es una réplica de los que aparecen en el sobreclaustro del Monasterio de Veruela.

Entre las construcciones religiosas alzadas en el entorno del barrio judío destacan otras construcciones religiosas como son la iglesia de Nuestra Señora de la Merced, que hoy acoge la sede del conservatorio, la iglesia del Hogar Doz, donde se hayan los restos del escritor Baltasar Gracián.

Sin lugar a dudas, uno de los puntos fuertes del turismo de Tarazona lo representa esta parte del casco histórico cuyos rincones seducen a quien se adentra en el laberinto de callejuelas que lo componen.

El Cipotegato

En la plaza del ayuntamiento, cada 27 de agosto a las 12 del mediodía, dan comienzo las fiestas patronales dedicadas a San Atilano con la figura de El Cipotegato que, bajo una lluvia de tomates, sale desde la Casa Consistorial para realizar un recorrido secreto por la ciudad.

Este personaje, símbolo bufonesco, es uno de los reclamos turísticos que mayor número de visitantes atrae. En 1998 fue declarada Fiesta de Interés Turístico por el Gobierno de Aragón.

La cuesta de San Juan

La calle y la cuesta de San Juan conformaron la morería, un pequeño espacio en el que sobresale la torre mudéjar de la iglesia de Santa María Magdalena fechada en el siglo XV. El punto más elevado de Tarazona está comandado por esta atalaya que se divisa desde gran parte de la localidad con el cauce del río Queiles a sus pies. Las murallas, cuyos torreones se ocultan entre casonas, el Convento de la concepción y la ermita de San Atilano, son otros de los puntos de interés de esta parte del casco antiguo.

El legado mudéjar de Tarazona

El mudéjar aragonés ha sido declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO y la ciudad episcopal de Tarazona conserva una inequívoca impronta mudéjar en sus calles y plazuelas del barrio histórico medieval. De sus manifestaciones artísticas más importantes, destacan la torre de la iglesia de Santa María de la Magdalena, el claustro de yesería calada de la catedral y el Palacio Episcopal. La Casa de Contratación y el Ayuntamiento, guardan el legado mudéjar más fiel con el que Tarazona puede seguir haciendo alarde.

Catedral de Nuestra Señora de la Huerta

La representación religiosa más renombrada de Tarazona es la Catedral de Nuestra Señora de la Huerta, un conjunto de estilo gótico de los siglos XIII- XV, que comprende también importantes elementos arquitectónicos, caso del claustro, cimborrio, torre, capilla y dependencias. El gótico de la planta y la fachada, está respaldado por el arte mueble en el que aparecen vestigios de otros como mudéjar, renacentista y barroco.

Casi 30 años de trabajos de restauración han permitido que hoy la catedral de Santa María de la Huerta luzca todo su esplendor.

Visitarla es hacer un profundo repaso por la historia del arte en España, ya que en su construcción existen espacios en los que confluyen todos los estilos que se han dado desde el siglo XII, época en la que comenzó a construirse.

Tarazona y su pasado más reciente

Pero Tarazona no se encuentra anclada en el pasado. Presenta otros atractivos contemporáneos que cautivan a los visitantes. Entre todos los reclamos es la Plaza de Toros vieja la que representa uno de los símbolos de la ciudad y de los turiasonenses. Fue construida por iniciativa particular entre 1790 y 1792 y formada por una figura octogonal en la que existen 32 viviendas dispuestas alrededor que sirvió como coso taurino hasta 1870.

Si destacan elementos arquitectónicos e históricos, también Tarazona posee una figura humana que ha defendido y ha predicado las excelencias de esta localidad zaragozana. Este ha sido el actor Francisco Martínez Soria. La ciudad quiso crear en el Teatro Bellas Artes de Tarazona el Museo al turiasonense más universal. Por su escenario, desde 1863, han pasado otras importantes figuras de Tarazona como son la cupletista Raquel Meyer o Montijano. Un aforo de 600 plazas en el que comedias, sonrisas y suspiros han acrecentado la farándula del corazón del Moncayo.

Una cocina marcada por la tradición

Paseos Por El Somontano Del Moncayo Cocina

La mejor despensa con la que cuenta la comarca de Tarazona viene marcada por la larga lista de ingredientes que nacen y viven en el Moncayo. Setas, carnes, legumbres y verduras constituyen el eje central de su cocina.

A la riqueza paisajística, ecológica y natural del Parque Natural Dehesa del Moncayo, hay que sumar la importante fuente de abastecimiento de los más diversos productos alimenticios que, posteriormente, se traducen en una cocina popular muy respetuosa con la naturaleza de estos.

En primer lugar, el universo micológico del monte hace que nazcan setas y hongos bajo las lluvias del otoño o las exposiciones primaverales. Un abanico micófilo que, antes de llegar al plato, supone una aventura salir a recogerlas.

Los ríos y cauces que fragmentan esta comarca, con sus huertas colindantes, facilita la vegetación de acelgas y borrajas, muy presentes en la cocina turiasonense. Y espárragos, blancos y trigueros, que también se incorporan a menestras y parrilladas de verduras.

Las legumbres constituyen buena base de guisos y platos clásicos de un recetario en el que nunca faltan las judías de Tarazona. Las que elaboran en el Santuario del Moncayo, que también incorporan menudencias del cerdo, suponen un deleite para los sentidos. Es también en este lugar donde el primer domingo de julio finaliza la romería de Quililay en donde se ofrecen migas a la pastora y las clásicas judías. Otras fiestas populares en las que la gastronomía desempeña una pieza básica, son la «recogida de tortas» por las calles de Torrellas de mediados de septiembre y las de mayo en Santa Cruz de Moncayo.
Ni que decir tiene que estas tierras producen una enorme variedad de quesos elaborados a partir de leche de cabra y de oveja.

Aceite de oliva, que nace de los olivos repartidos por gran parte de la comarca, miel y confituras artesanas de la zona más próxima a Vera de Moncayo, son otros de los abastos con los que cuenta la despensa del somontano turiasonense.

En cuanto a vinos, la cercana Denominación de Origen Campo de Borja intensifica los encuentros en la mesa, que suelen finalizar con una copita de licor de chordón que se elabora con los pequeños y aromáticos frutos que nacen en el Moncayo.

Un sinfín de sensaciones reconvertidas en platos y recetas que siguen borboteando con la intensidad de tiempos pasados.

Culinario:

Todos aquellos que disfrutan con la buena mesa encuentran en el Somontano del Moncayo claros y buenos exponentes. Y no hace falta aportar sofisticación y elitismo a una comida. En Tarazona y su comarca se bastan con mostrar la naturaleza y versatilidad de sus productos. La línea general de las cocinas públicas viene marcada por la fidelidad hacia los productos y las recetas clásicas. Pero están bien resueltas.

D.O. Campo de Borja:

La cercana denominación de origen no deja de sorprender a los más exigentes amantes del vino. Variedades autóctonas como la Macabeo, Garnacha o Tempranillo, y otras más internacionales, caso de la Chardonnay o la Cabernet- Sauvignon, dan como resultado un enorme abanico de posibilidades. El cava también tiene presencia dentro de la oferta de esta zona con chispeantes y alegres referencias. Visitar las propias bodegas y llevarse como recuerdo una muestra de sus elaboraciones, supone por sí solo un acto epicúreo y gourmand.

Ruta de la Garnacha

Con sede en la localidad de Borja, la Asociación para la Promoción Turística de la Ruta de la Garnacha nace en el año 2009. Los socios fundadores son la Comarca Campo de Borja y el C.R.D.O. Campo de Borja, reforzados posteriormente con la adhesión a la asociación de los diferentes municipios que delimita el territorio de la D.O. Campo de Borja. Además de estas entidades locales, se integran numerosos establecimientos entre bodegas, restaurantes, alojamientos, comercios especializados, enotecas, bares de vinos, museos y centros de interpretación, etc.

Aventura

Con 9.848 hectáreas, el Parque Natural del Moncayo supone una magnifica fuente de riqueza para los amantes de la aventura que, además de ascender hasta los 2.315 metros de su cumbre, encuentran en su entorno un buen número de alternativas para la práctica de otras disciplinas como puedan ser escalada, bicicleta de montaña o tirolinas.

Senderos a pie:

La principal ruta que atraviesa el parque natural es la G.R.90 (gran ruta) cuyo itinerario desde la Fuente de los Frailes hasta la cumbre cuesta alrededor de 5 horas. Algo más sencillas son las P.R. (pequeñas rutas) y que en el Moncayo trazan un sinfín de pistas y senderos. Muy recomendable la que va desde Malón hasta la presa del Queiles (40 minutos).

Familiar

Pasar una jornada en familia por el Somontano del Moncayo supone un cúmulo de sensaciones en el corazón del macizo más elevado de la provincia de Zaragoza. Pequeños y mayores pueden realizar un entretenido paseo a caballo.

La bajada a las cuevas de Añón de Moncayo (10 minutos), visitar el Monasterio de Veruela o pasear desde Malón hasta la presa del Queiles (40 minutos), son otras alternativas para realizar en grupos. Si lo que quiere es revivir leyendas y evocar brujas y hechizos, no se pierda ninguno de los castillos de la mayoría de los municipios de esta comarca.

Vía verde del Tarazonica

Es el antiguo trazado de ferrocarril que unía Tarazona con Tudela. Lo que fue la vía, se ha convertido en un paseo para recorrerlo a pie, a caballo o en bicicleta. Atraviesa Tarazona, Vierlas, Malón y Novallas y muestra estupendas vistas del Moncayo y de la vega del río Queiles. Muy recomendable para pasar un día de campo.

Vía Verde BuretaRED Autor Roberto RegueiroAPT Ruta De La Garnacha

Fin de semana

Es recomendable planificar un viaje de fin de semana hacia el Somontano del Moncayo directamente en el centro de Tarazona, en la oficina de turismo (Pza. San Francisco, 1. Tarazona. Tel: 976 64 00 74). Allí, el amable y eficaz equipo responsable irá aconsejando sobre los aspectos turísticos más destacados realizando incluso reservas en función de la oferta hotelera del momento.

En un viaje de dos días, no hay que perder detalle de los encantos más simbólicos de la antigua Turiaso, así como del parque natural del Moncayo. El Monasterio de Veruela (la entrada cuesta 1,80 euros por persona), los innumerables castillos de gran parte de los municipios, visitar museos como el de Paco Martínez Soria o la exposición de brujería de Trasmoz. A la hora de pernoctar podemos cotejar el extenso número de viviendas de turismo rural repartidas por toda la geografía. Esta tarea la solventarán nuevamente en la Oficina de Turismo de Tarazona.

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