Gastronomía Aragonesa

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Rutas Gastronómicas: Aragón por los cinco sentidos

Conozca los contrastes del Bajo Aragón turolense, la comarca del Matarraña y el Maestrazgo. Tres zonas emergentes intemporales para recorrer de mil y una formas.

Descubra la caracterización de su cocina, la sugestión de los sabores clásicos, los nombres propios de la restauración de la zona y todos los secretos que encierran estas tres comarcas de Teruel.

Teruel es una de esas provincias que seducen al viajero a primera vista. Algunos de sus lugares poseen una atracción innata que conectan, y atraen, a turistas, trotamundos y curiosos.

Marzo es Semana Santa, o lo que es lo mismo, estruendos y sonidos de los tambores y bombos de sus localidades. Pero no todo es parche y maza.

Además del Bajo Aragón, otras zonas como el Matarraña o el Maestrazgo, despliegan todo su potencial para atraer a aquellos que huyen de las masificaciones que suelen agolparse durante estos días junto a las rompidas de la hora.

Hay algo más.

Es en estas fechas cuando las almazaras ofrecen sus nuevos aceites, cuando los bosques y arboledas del Matarraña ofrecen mayores contrastes cromáticos, y cuando el Maestrazgo continúa imparable con su sensacional despensa de dulces y repostería. Y el escaparate de estos y otros productos se sienta a las distintas mesas que existen.

Recorrer senderos y caminos, practicar un buen número de deportes de aventura, descubrir los encantos artísticos, sumergirse en la historia y conocer el carácter de sus gentes, son algunas de las propuestas que estas tres comarcas ofrecen.

Bajo Aragón, Maestrazgo y Matarraña forman este triángulo mágico en el que ocio, turismo y, sobre todo, gastronomía, se presentan por los cinco sentidos.

Llegando a Alcañíz

Castillo de Alcañiz La carretera N-232 se adentra, desde Zaragoza, en la provincia de Teruel desembocando directamente en la localidad de Azaila, la antesala por la que se llega al corazón del Bajo Aragón. Llegamos a la localidad de Híjar y, desde ahí, nacen otras vías de comunicación que enlazan con Calanda, Albalate del Arzobispo y otras localidades de la ruta del tambor y el bombo. Si continuamos por esta misma carretera, de repente, Alcañíz sobresale con sus 14.000 habitantes y los numerosos atractivos que posee. Y es que bien merece la pena pernoctar en sus muchos alojamientos y no perder detalle de sus encantos. Desde el Castillo de Los Calatravos, hasta el ayuntamiento, La Lonja o la ex colegiata de Santa María la Mayor, estos tres últimos en la Plaza de España, la calle mayor, o los pasadizos son algunos de los recursos turísticos que tan bien han sabido transmitir. Y si lo que se pretende es acercarse a la despensa de la zona, el restaurante Meseguer, el Calpe, el Mesón Casa Luis y otros tantos nos facilitarán esta deliciosa tarea. Comprar cerámicas, forjas y alimentación en las calles Alejandre, Blasco y la avenida Aragón o perderse por la zona nocturna, la calle Caldereros, son otros de los motivos como para visitar esta histórica localidad turolense.

Además, por estas fechas, los alcañizanos se sumergen en dos fiestas gastronómicas sumamente populares, el día del "choricer" y "la rosqueta", para salir al campo y convertir los productos del cerdo y el postre típico de Alcañiz en los principales protagonistas.

Un viaje entre el Matarraña y el Maestrazgo

Bien sea desde Alcañíz, desde Teruel o desde Castellón, las tortuosas carreteras que conducen hasta estas dos comarcas y los abruptos paisajes por los que transcurren nos indican la llegada al Matarraña y al Maestrazgo.

Catorce municipios componen la zona del Matarraña con el río que vertebra y da nombre a esta parte del viejo Teruel. Recorre un área tranquila, que evita las acumulaciones y masificaciones, y que esconde en su interior paseos, parajes y rincones como para perderse.

Valderrobres El primer punto de parada obligada es Valderrobres. Nos situamos en el puente que conduce al casco histórico y, poco a poco, nos vamos adentrando en el ayuntamiento y justo delante de la fachada de la iglesia de Santa María la Mayor. Desde ahí, y atravesando unas empinadas callejuelas, llegamos al castillo dominando la vista de toda la localidad. El Hostal Querol, como hotel más representativo, y la Fonda Albesa como restaurante, nos servirán como punto de parada para completar una deliciosa visita. En su localidad vecina, La Fresneda, El Convent es uno de esos hoteles enclavados en un antiguo edificio en el que el viajero se sumerge en una época de juglares, caballeros y abades. Merece la pena contemplar sus estancias y degustar la cocina clásica del Matarraña. Peñarroya de Tastavins y su museo del jamón, la iglesia de Torre del Compte, o los numerosos aceites de Ráfales, son otras referencias a tener en cuenta en nuestro cuaderno de bitácora.

El viaje puede continuar desplazándonos hasta el Maestrazgo, con el río Guadalope como principal guía, y Cantavieja, Tronchón y Mirambel como principales localidades.

Una de las alternativas de un sábado cualquiera por la mañana puede ser atravesar el Parque Paleontológico de Galve, en donde cinco enormes dinosaurios asombran a niños y mayores. Y más ahora que los extinguidos reptiles están tan de moda en Teruel. De Castellote cabe destacar prácticamente todo, su castillo, el casco antiguo, Cantavieja y su patrimonio histórico, y, como no, cruzar el Parque Cultural del Maestrazgo, son, entre otros, motivos más que suficientes como para tener en cuenta a esta comarca en la planificación de un nuevo destino turístico. Si a todo esto se le une el profundo sabor del queso de Tronchón, la elegancia del Jamón de Teruel, el preciado aceite de oliva, el pan y la repostería autóctona, agua de manantial, verduras y distintos productos ecológicos, siempre se alegrarán las visitas de turistas, viajeros, peregrinos y curiosos.

La cocina del Matarraña, Maestrazgo y Bajo Aragón

Jamón de Teruel La gastronomía de Teruel está ligada a la tradición y a la deferencia hacia los productos de la tierra. Uno de los más emblemáticos es el aceite de oliva que se produce en las tres comarcas destacando el del Bajo Aragón y su Denominación de Origen. Sus aromas y tonalidades bañan desde ensaladas y platos fríos, hasta los guisos más conservadores y populares. Las carnes y la chacinería llevan a sus espaldas el peso de la tradición culinaria de este rincón turolense. El cerdo constituye por sí solo la base de la alimentación con sus lomos, embutidos o conservas. Desde las butifarras de cebolla que elaboran en Peñarroya de Tastavins, hasta las sartenadas, sin olvidar el Jamón de Teruel (Denominación de Origen), el cerdo representa el estandarte de producto alimenticio en la provincia. Con el cordero, por otro lado, también plantean estupendos platos autóctonos como el zambullo de Torre del Compte, las lechecillas o higuetas del Maestrazgo y el somarro que se hace con carne de cordero bien salada y puesta a secar. El cordero es, al igual que en el resto de la comunidad autónoma, la fuente del clásico asado al horno con patatas a lo pobre y que tanto en el Matarraña, Maestrazgo o Bajo Aragón, lo preparan de manera sensacional.

Del vacuno lo más representativo es la cecina cuya tradición se centraliza, sobre todo en la zona del Matarraña.

Legumbres, hortalizas, setas, especias, quesos y un buen número de dulces y postres, como la miel sobre hojuelas (una especie de buñuelos hechos a base de leche, harina y mantequilla) que se elabora en Valderrobres o el mostillo de remolacha de Cantavieja, son otros de los referentes a la hora de hablar de la despensa de estas tres comarcas en las que la restauración sigue a raja tabla el legado coquinario que han dejado las generaciones anteriores. Un sinfín de posibilidades entroncadas, de principio a fin, con su tierra.

Gourmet

La oferta turística y gastronómica de la Semana Santa turolense tiene distintos exponentes para acoger a los más elitistas que buscan los lugares más acreditados y reconocidos. Uno de estos puntos es el Parador de Tursimo de Alcañiz que durante estos días de tambores y bombos cuelga el cartel de "no hay localidades". Los precios de la habitación doble oscilan entre los 90,15 y los 105,18 euros (15.000- 17.500 pesetas) y destacan las agradables estancias de este castillo. Para cenar, y sin salir de Alcañíz, el restaurante Meseguer nos ofrece su personal visión del clasicismo renovado de la cocina aragonesa. También conviene reservar.

En la localidad de Cantavieja, en el alto Maestrazgo, aparecen dos restaurantes muy recomendables para conocer la cocina innovadora de la zona. Por un lado el Balfagón, perteneciente al hotel del mismo nombre, y el Buj, una de las alternativas más consolidadas. El Convent de La Fresneda, un histórico del Matarraña, La Parada del Compte de Torre del Compte, como hotel recomendado, o La Torre del Visco, como lugar de ensueño por su entorno y estancias, completan la lista de lugares gourmet de las tres comarcas turolenses.

De mochila

Esta fiel compañera de viaje obliga al viajero a llevar a las espaldas sólo lo indispensable. Nunca hay que olvidar que estamos en marzo y que las noches del Bajo Aragón siguen siendo frías. El calor de las chimeneas y el confort de los distintos alojamientos servirán para contrarrestar estas temperaturas. La naturaleza y los espacios recónditos que conforman esta zona resultan ideales para grupos que deciden recorrer las sendas que la atraviesan. Además de alguna que otra zona de acampada, ideal sólo para verano, siempre se recomienda reservar habitaciones en los apartamentos y casas verdes que a precios muy recomendables ofrecen buenas garantías para amplios números de turistas. Para reponer fuerzas, lo más asequible resultan los menús de diario que, a un precio aproximado de 6-12 euros (1.000-2.000 pesetas), solventan sobremanera cualquier paladar. Véase por ejemplo El Molino de Calanda, Casa Amada de La Iglesuela del Cid o La Posada de Ráfales. Y dormir, por ejemplo, en el camping de Castellote o el albergue municipal del Albalate del Arzobispo.

Otra opción de ocio para los "mochileros" es recorrer en bicicleta de montaña las distintas sendas marcadas que atraviesan todo el Matarraña, el Maestrazgo y su vecino Bajo Aragón. No obstante en Semana Santa, y con tanta aglomeración, siempre es preferible utilizar otro medio de transporte y reservar con tiempo de antelación. Sea como sea, y en cualquier época del año, Teruel y su provincia no dejarán de sorprendernos.

Familiar

Rompida de la hora en CalandaLas rompidas de hora de las distintas localidades en las que se celebra la Semana Santa turolense, son motivos suficientes como para planificar unas vacaciones para toda la familia. Los atractivos de esta zona, en la que la oferta turística se completa con la riqueza histórico- artística de sus distintas localidades, ofrecen numerosas alternativas para niños y mayores. Además de los paseos por distintos recorridos y senderos, también puede completarse una escapada con los paseos lentos por los rincones de pueblos como La Iglesuela del Cid, Valderrobres y otros muchos. Los pequeños hoteles rurales de las tres comarcas son una buena y económica alternativa para la familia, como por ejemplo Casa Alegría de Valderrobres. En muchas de estas viviendas existen cocinas independientes en las que cocinar los platos más sabrosos. Una buena alternativa es comprar productos de la zona y trabajarlos posteriormente en estos espacios. Las aceitunas y aceites de Gaibar en Alcañíz, la repostería tradicional del horno Casalduc en Valderrobres, jamones y cecinas en Domingo (La Iglesuela del Cid), o visitar el mercadillo de los lunes en Cantavieja, pueden servir como puntos de abastecimiento. No olvide el estupendo pan de los distintos hornos y panaderías, las verduras, legumbres y otros productos para deleitar a los suyos.

Aventura

El ParrisalEl curso del río Martín transcurre por este parque natural en una zona montañosa del Sistema Ibérico que desemboca cerca de Escatrón. Un recorrido ideal para practicar senderismo, bicicleta de montaña, escalada y otros deportes al aire libre. La ruta comienza en Montalbán, una localidad en la que preparar la jornada en alguno de los restaurantes que, a precios muy asequibles, ofrecen buenas carnes y los platos más populares de la comarca. Hitos, Pepe o De Cosme, son tres de estos establecimientos ideales para comenzar o reponer fuerzas después de una jornada de paseos y pedaleos. El albergue más acreditado de la zona y muy apropiado para reposar un duro día de aventura es el Crespol de Castellote. Como siempre, conviene reservar.

En las cercanías de Beceite se encuentra el Parrisal, un desfiladero que acompaña al río Matarraña y que está lleno de aventuras para los amantes de la naturaleza. En Beceite también tendremos la posibilidad de conocer la gastronomía propia de la zona.

Entre el Bajo Aragón y el Maestrazgo, en la localidad de Molinos, existen unas impresionantes cuevas con una importante riqueza paleontológica y geológica. Adentrarse por ellas puede suponer toda una aventura. Todas estas alternativas, pueden servir como excusa para salir del tumulto que llega a esta provincia durante la Semana Santa.

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